Historia de Denisse, creadora de D’Moola Bakery

Desde muy pequeña, Denisse descubrió que la pastelería no era solo un pasatiempo: era una fijación, una forma de expresión y, sin saberlo aún, el hilo conductor de su vida. Mientras otras niñas soñaban con profesiones cambiantes, ella ya imaginaba vitrinas llenas de tortas, aromas dulces y mesas donde la gente compartiera momentos especiales. Su primer emprendimiento nació en los pasillos del Liceo 1 Javiera Carrera, donde vendía cupcakes a sus compañeras. Aquellas pequeñas preparaciones, hechas con dedicación adolescente, fueron el primer indicio de que su camino estaba marcado.

Al terminar la enseñanza media, Denisse decidió seguir ese impulso que la acompañaba desde niña. Se matriculó en la Escuela Culinaria Francesa Ecole para estudiar gastronomía internacional, convencida de que la cocina —y especialmente la repostería— era el lugar donde podía desplegar su creatividad y disciplina. Sin embargo, ella sabía que aún faltaba un salto mayor, uno que la llevara a perfeccionarse en las técnicas más finas del mundo dulce.

Trabajó incansablemente, reuniendo peso a peso el dinero necesario para cumplir un sueño que parecía enorme: viajar a San Sebastián, en la provincia vasca de España, y estudiar en el prestigioso Basque Culinary Center. Allí se especializó en Bases y Técnicas de Pastelería enfocadas en la Cocina Dulce, un curso que no solo le entregó conocimientos, sino una visión completamente nueva de lo que la repostería podía llegar a ser.

Compartir con jóvenes de distintos países, aprender de maestros europeos y recorrer ciudades como San Sebastián, Barcelona, Madrid, Milán, Positano y Venecia, le permitió absorber la tradición pastelera del viejo continente. Cada técnica, cada sabor y cada experiencia confirmaron lo que ya intuía desde la adolescencia: la pastelería no era un hobby, era su pasión de vida.

El regreso a Chile, sin embargo, no fue sencillo. La pandemia golpeó con fuerza al rubro gastronómico, cerrando puertas y frenando oportunidades. Aun así, Denisse persistió. Con el tiempo logró integrarse a equipos de trabajo en restaurantes importantes de Santiago, donde continuó perfeccionando su estilo y su visión.

Hasta que llegó una oportunidad imposible de ignorar: mudarse a Puerto Varas para participar en un proyecto de uno de los restaurantes más destacados de la zona. El sur, con su lluvia, su calma y su inspiración, volvió a despertar en ella esa conexión profunda con la repostería más pura. Durante casi dos años, sus creaciones comenzaron a tomar forma propia, a adquirir identidad, a convertirse en algo más que un trabajo.

Fue en ese proceso, entre hornos encendidos, recetas perfeccionadas y sueños que volvían a latir, donde nació la semilla de lo que más tarde se transformaría en D’Moola Bakery. Un proyecto que reúne su historia, su esfuerzo, su formación internacional y, sobre todo, su amor por la pastelería auténtica.